EDITORIAL INFOHUERTAS No.23: 

 
   

 

 

 

 

LA VUELTA A LA HUERTA

 

Algunas personar superficiales, especialmente políticos, consideran latifundio toda gran extensión de tierra de un solo propietario, aunque en esa tierra exista una buena y racional explotación. Es un gran error, el latifundio se configura cuando no se cultiva o se cultiva mal. Precisamente, las grandes explotaciones racionales son las más convenientes y económicas.

Juan Domingo Perón en "La fuerza es el derecho de las bestias)

 

 

     Pero, ¿qué mayor delirio que imitar á unos pueblos forzados por la naturaleza, en falta de territorio, á establecer su subsistencia sobre los flacos y deleznables cimientos del comercio, olvidando en el cultivo de un vasto y pingüe territorio el mas abundante, el mas seguro manantial de riqueza pública y privada? (...)

 

     Los empleados de la Real Hacienda, los cabos de ronda, guardas, estanqueros de tabaco, de naipes y pólvora, los dependientes del ramo de la sal y otros destinos increíblemente numerosos logran una exención no concedida al labrador. Pero, ¿qué mas? Los ministros de la Inquisición, de la Cruzada, de las hermandades, y hasta los síndicos de conventos mendicantes han arrancado del gobierno estas injustas y vergonzosas exenciones, haciendo recaer su peso sobre la mas importante y preciosa clase del Estado.  

 

Informe en el expediente de la Ley Agraria,

 texto escrito por el erudito y político español

Gaspar Melchor de Jovellanos1744-Vega, Asturias, 1811

 

Leer el informe completo

 

 

 

     "Planifiquemos, integremos conocimientos, definamos y redefinamos proyectos y políticas para fortalecer las alternativas a la cultura del zapallo y que los valores que están naciendo en las huertas de la Argentina no sean únicamente una primera necesidad, una campaña o una moda que dure solamente seis meses o un año:  lo que dura un zapallo.  Es el momento de crecer estructuralmente, trabajar en red y consolidarse.  Sino, cuando pase lo peor de la crisis,  las plantas volverán a secarse y  mañana nuestros hijos estarán ante los mismos problemas que nosotros."    

 

 Este era el cierre de la nota editorial del INFOHUERTAS Nº2, allá cuando corría el 2002, la Argentina estaba en crisis, el ProHuerta no pagaba los sueldos a tiempo y el mundo la miraba estupefacto sin comprender como un país tan potencial podía reincidir voluntariamente con tanta frecuencia por los caminos del purgatorio.

 

      No ha corrido tanta agua bajo el puente.  Apenas han pasado poco más que seis años.  Orgullosos sobrevivientes del 2002 nos deleitamos ahora de que fuimos capaces de salir de tamaña fosa que nosotros mismos nos habíamos cavado y nos vanagloriamos que el mundo estudie a la Argentina versión 2002/2003 para remixar e intentar transpolar esta experiencia a todos quienes quieran comprarla.  Lo que no sabemos muy  bien, es si el año 2002 ha quedado definitivamente atrás o si su sombra sigue proyectándose hacia adelante y envolviéndonos continuamente.

 

     Cuando empezábamos este sitio reddehuertas.com.ar que se ha transformado en un portal con más de mil archivos de contenido y unas cuantas miles de visitas mensuales y abundantes suscripciones al Newsletter INFOHUERTAS (nosotros preferimos llamarlo Boletín o "Testimonio" ) todo el mundo quería sembrar una maceta para alimentar a su familia .

 

     En esos tiempos planteábamos la necesidad (ver cita arriba) de transformar lo paliativo en estructural.

 

     Proponíamos por ejemplo que los recursos en manos de de las fuerzas armadas, contribuyeran a generar abundancia en frutas y hortalizas, generar empleo, autoempleo y una nueva generación de productores y consumidores de frutas y hortalizas.  Creíamos que era hora que el estado y la sociedad en su conjunto elaborara roles modernos e inteligentes para sus actores, y que el rol primero y fundamental que hace a la seguridad de un estado es no sólo la provisión de suficientes alimentos, sino también que estos sean saludables, rápidos de producir y fáciles de multiplicar y sencillos de consumir.  Imaginábamos que la paz social sería fruto de la armoniosa y sabia integración  de los diferentes sectores de nuestra nación que habría aprendido de tamaña crisis. 

 

     Creíamos también que la enormes solidaridad que se despertaba nuevamente entre los argentinos, llevaría a integrarnos y proyectarnos con una visión común por al menos cincuenta años

 

Ahora vemos una sociedad más fragmentada, ninguneada, desilusionada, estresada y deprimida que en el 2002.  E igualmente asediada asaltada, robada, violada y asesinada.   Sin embargo  y parafraseando a Jovellanos en la cita con que comenzamos esta editorial, sospechamos que la cosa pública está cada vez más sometida a la monopólico construcción de consensos de la chequera central, alienando así la construcción democrática de una sociedad progresista.

 

     Imaginábamos una Argentina capaz de construir una sociedad solidaria a través de programas de voluntariado para jóvenes que se comprometieran a dedicar un año de su vida a conocer más a su patria y servir a quienes tanta ayuda necesitan .  Pensábamos que como culminación de la adolescencia, la nación podría iniciar a sus jóvenes en tareas  tan útiles como acciones contra el chagas o dengue, ni hablar para ayudar a hacer cultivos intensivos en todo el país o de forestar las banquinas de las rutas . Y que de este modo aprendiéramos un poco más a convivir y amar a nuestra  tierra y probablemente tuviéramos luego menos ganas de abandonarla por tanta zozobra. Sin embargo, al Estado le resultó más sencillo centralizar y monopolizar recursos y acciones y se atribuyó el derecho de ser el único solidario con el 50% de las recaudaciones no coparticipadas  que no pasan por el presupuesto oficial, subsidiando voluntades sin construir valor democrático agregado para la sociedad, adoptando a millones de ciudadanos cual hijos bobos.

 

     Pensábamos de igual modo, que las experiencias realizadas en el país en el desarrollo de la Agricultura Urbana y periurbana debían transformarse en la gestión de proyectos no sólo intelectuales y sociales, sino también productivos y abundantes.  Soñábamos con ver crecer nuevamente los cinturones verdes alrededor de las ciudades, con permanentes y modernas ferias municipales de producción local, con variedad de colores y sabores frescos todo el año.  Creíamos también que la Ciudad de Buenos Aires rescataría la Huerta Urbana como un espacio que brinda felicidad a los ciudadanos tan alienados en las grandes ciudades.

     Sin embargo, vemos que sigue la zozobra de la Agricultura Urbana y Periurban:  Salvo honrosas excepciones, desaparecieron las tradicionales quintas productivas de enormes regiones periurbanas. transformadas en countries o casas de campo.  Vemos que este fenómeno, se repite desde el conurbano bonaerense hasta el valle de Uspallata y desde el valle del Río Chubut hasta Tucumán o Salta en un país donde la clase media o media alta toma sus decisiones debido a  que la inseguridad y la búsqueda de refugio del atropellamiento urbano.   Mientras los productores periurbanos no saben si amanecerán muertos o robados y  la migración de la población rural hacia las ciudades sigue provocando desolación, hacinamiento y miseria.

 

     Creíamos que la Argentina iba hacia un desarrollo sustentable.  Que se iba a parar la deforestación masiva, no cuando ya no quedara nada, sino de inmediato.  Creíamos que el Estado, envés de mirar al costado ante la sojización y estirar la mano para cobrar sus retenciones, iba a construir políticas de calidad, cantidad y seguridad junto a los sectores productivos.  Creíamos que envés de promover la carne y crear un instituto para ello, en el país de mayor consumo de carne per cápita del mundo,  se promovería con entusiasmo la  producción y consumo frutas y hortalizas..

 

      Pensábamos que le había llegado la hora a la minería de desarrollar explotaciones ambientalmente sustentables.

 

     Imaginábamos una fuerte inversión en recursos energéticos renovables, de los que la Argentina tiene tantos que causa admiración cuando no envidia en el mundo, y no solamente grandes masas de dinero para las grandes redes energéticas..  Ahora tenemos pronto una central atómica más con tecnología obsoleta y si no cambia nuestra visión a la brevedad, vamos camino a  la cuarta.  Atucha I, II y III a pocos kilómetros aguas arriba de la ciudad de Buenos Aires, cosa que si pasa algo, los porteños (y uruguayos)  no puedan tomar siquiera un vaso de agua.

 

     Imaginábamos un fuerte aire nuevo y sobre todo ideas más creativas, profundamente democráticas, en el ámbito de los decisores, de aquellos que el pueblo elige y de aquellos que los elegidos designan. 

 

     Habíamos redescubierto en la profunda  crisis del 2002  nuestro potencial de construir a partir de nuestra propia identidad e historia, pero con más armonía y siendo más abiertos y tolerantes, solidarios, simpatizando  y empatizando con los demás, ejercitando la resilencia. Creíamos que había pasado el tiempo de tener un modelo que redistribuyera  (y a su vez reconcentrara) riqueza y que era el momento de asumir un modelo profundamente democrático que hiciera lo que ya Manuel Belgrano veía posible en la Argentina:  generar abundancia y felicidad para todos sus habitantes  a través del trabajo y un uso racional y amigable de los recursos naturales, sociales, teconlógicos e intelectuales.

 

     Imaginábamos una integración razonable y en una sola trama de las diferentes economías del país, una migración de la economía en negro hacia una economía en blanco; y que economía solidaria  y social iba a significar una esperanza de crecimiento y desarrollo y no solamente un parche encima de otro y la institucionalización de la marginalidad.

 

     Todo esto imaginábamos allí en el 2002, sentados alrededor de un fogón, con una tortilla de maíz, un mate cocido y una calabaza asada.  En la celebración de la Pacha Mama, en las visitas a municipios, En las huertas escolares, en los comedores comunitarios.  .  En las encumbradas oficinas entre hormigón y adoquines donde se siembran las ideas (y las obsecuencias).  En las exposiciones huerteras y en los elocuentes discursos.  Con esos sueños empuñábamos layas y azadas, removíamos piedras en las ciudades para transplantar repollos, caminábamos sobre el helado rocío en las afueras de las ciudades.  Subíamos ascensores cuando en los organismos públicos aún se fumaba y bajábamos escaleras bajo el peso de las promesas.  Sembrábamos, también en la huerta de Caballitos, ahora arrasada por palas cargadoras como se llevaban las villas en el proceso.

 

     El invierno del 2009 nos encontrará bajo el peso de la impresionante sequía, esta vez no sólo de iniciativas y gestiones adecuadas, sino también de la Madre Tierra.  Con menos ganado y pocas hortalizas.  Con los mismos sueños pero con la Fe desganada.  Con el modelo más profundizado y más cerca del abismo que en el 2002.  Con una sociedad más fragmentada, triste y violada.  Con prohibiciones en los campos del ejército para cultivar soja pero ninguna alternativa para generar empleo, riqueza o inclusión social.  El modelo de un país que secuestra emociones a la par que socava esperanzas y recicla arquetipos cuyo vestuario más reciente tiene treinta años cuando no sesenta.o talvez aún crea en las construcciones de poder medievales.. Con decisores que,  ungidos como testimoniales oficialistas y circunstanciales  o sintomáticos opositores, pujan  en  la crujiente calesita política  por perpetuarse en la carroza o subirse al caballo blanco y ocupar las mejores posiciones, acopiar bonanza personal y sacar tres sortijas en cada vuelta, mientras van transformando la vida democrática en una especie de eterna batalla de una interna multipartidaria.  Donde cualquier ciudadano para hacerse escuchar debe sitiar a todos a su alrededor mediante marcha o piquete para que, aunque nadie le de bolilla, al menos tenga sus minutos de gloria y agonía en los medios masivos.  Con shows televisivos, que, grotescos, capturan más la atención del público por ser más genuinos que los personajes interpretados.

 

     Creíamos en el 2002 que un diferente modelo de gestión parecía nacer y que significaría no sólo recaudar, y repartir para seguir comprando ignorancia u acaso oponerse protestando y denunciando desenfrenadamente, sino que significaría también educar democracia, ejercitar democracia y dar el ejemplo con formas, actitudes y contenidos progresistas, democráticos y republicanos, acordes al siglo 21.  Cuando oímos que los decisores del mundo miran nuestro país para aprender de él cómo salir de la crisis, nos da pánico: ,les rogamos por el bien de la humanidad que no transformen la calesita del poder en un parque mundial de diversiones.

 

     ¡A volver a las huertas, señores!  Este invierno, es hora nuevamente de trabajar el humus.  Si de comida fresca y saludable se trata, será mejor puntear con alegría y asegurar la propia, porque para las políticas sustentables e integradoras aun falta un poquito. No comprendemos bien como en un país agraciado con tanto humus como es el nuestro, la práctica de la humildad (estar cerca de la tierra, servir a la tierra, servir a la patria) puede estar tan erosionada; mientras lo humillante (aquello que nos pone "con la cara contra el humus") pueda estar tan encumbrado     Invitemos a los protagonistas de las egocéntricas comedias gubernamentales a que conozcan cómo se produce la comida, cómo se puede cultivar el humus de nuestra patria.  A que aprendan que la tierra es algo más que una inversión inmobiliaria donde canalizar los dinerillos en estancias, hoteles internacionales, chacras o quintas de fin de semana.  Así, mientras ejercitamos la agricultura (palabra redundante si las hay), compartimos también la reflexión y la humildad y tal vez, también, algún brote de cultura ciudadana.  Con el mismo entusiasmo que en el 2002 y un poco más de claridad de lo que no somos capaces de esperar de nosotros mismos, no podemos pretender esperarlo de los demás.  Con el desafío que se fortalezca la red social en la Argentina en un marco de legitimidad y legalidad, a pesar de los zorros que cuidan el gallinero.

 

 

Yo no soy un "vivo", soy apenas un gil avivado.   (Arturo Jauretche)

 

     "No se crea que al hacer la pintura de nuestro abandono, intentamos ofender a nuestro gobierno sabio, que desde los principios de la conquista de estos países se ha esmerado constantemente en dirigirlos a su prosperidad, ni que tratemos de manchar el honor de alguna corporación, ni de algún otro particular; las declamaciones son contra la general propensión que existe para destruir, y la ninguna idea para conservar, reedificar o aumentar lo que tan prodigiosamente nos presenta el primer gran la naturaleza”.  Manuel Belgrano

 

 


  El Equipo Editor

 

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Texto publicado en  INFOHUERTAS    Nº    23

 
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